Koiné: Lengua común que se establece unificando los rasgos de diversas lenguas o dialectos. Pretende generar actividades de Filosofía aplicada y prácticas filosóficas en personas de todas las edades.
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lunes, 11 de julio de 2022

Resumen: XXV Café Filosófico Virtual: "¿Es el apego necesario?"

 En este Café Filosófico Virtual nº 25 damos por concluida nuestro proyecto de Cafés Filosóficos Virtuales que comenzó hace más de 20 meses en pleno estado de confinamiendo como la necesidad de responder a inquietudes de personas que estaban en sus casas y necesitaban explorar diferentes temas, desde una perspectiva filosófica, que podrían resultar curiosos, llamativos o interesantes. Desde aquí, muchas gracias a todas las personas que habéis escuchado estos podcast, que no sois pocas, y a las que nos habéis dejado algún comentario, recomendado o dejado alguna valoración positiva. Gracias a vosotras/os hemos llegado a mucha gente. 

Así que vamos al grano. Empezamos nuestra actividad realizando un pequeño disparador reflexivo que consistía en conectar unas descripciones a los tipos de apego que veremos a continuación. La selección fue buena, aunque es cierto que hubo algunas discrepancias en la asignación, la mayoría de las personas estuvo de acuerdo. Aquí tenéis el ejercicio:








0. El origen filosófico del apego o la familiaridad

El proceso de apego o apropiación consigo mismo o con otro conecta con un proceso de familiarización, que se basa en la consciencia de lo que nos es propio y de lo que nos es familiar y apropiado, tal como expresa el término latino conciliatio. Por medio del concepto de familiaridad consigo mismo los estoicos responden a la cuestión de saber de qué modo la naturaleza, a diferencia de las plantas, mantiene en vida a los animales. Precisamente, debido a que los animales se familiarizan consigo mismos, tienden a conservarse a sí mismos. Según Diógenes Laercio (VII, 85 = SVF, 178), Crisipo distingue entre: (1) la actitud de familiaridad consigo mismos, que los animales reciben desde su nacimiento; (2) lo que les es querido en primer lugar, es decir, su constitución y la consciencia que tienen de ella; (3) su tendencia a conservarse; (4) los comportamientos gracias a los cuales se mantienen en vida, evitan lo perjudicial y buscan lo útil. La naturaleza crea a los seres vivos y los dota de los medios necesarios para la apropiación de lo que les resulta útil. Long (1970/71: 98) considera que los animales evitan lo que les hace daño y persiguen lo que les beneficia, y la naturaleza ha provisto a los animales del impulso para protegerse a sí mismos.
[...]
Los estoicos aplican este objeto de familiaridad o apego con las cosas que buscan los animales para conservarse. Por ello, los animales no son susceptibles de que puedan llegar a familiarizarse con los medios de supervivencia en el mismo sentido en que se dice que están familiarizados consigo mismos y con su prole.
[...]
Epicteto: No digas nunca respecto de una cosa: «La perdí», sino «La devolví». ¿Ha muerto tu hijo? Ha sido devuelto. ¿Ha muerto tu mujer? Ha sido devuelta. ¿Han expoliado tus campos? También eso ha sido devuelto. «¡Pero el que me los ha arrebatado es un bellaco!». ¿Y a ti qué te importa a través de quién te lo reclaman quienes te lo dieron? Durante el tiempo que te son dados, ocúpate de tus bienes como si fueran de otro, como hacen los viajeros en la posada.
(Ref. https://conconciencia.com/leccion-estoicismo-epicteto/)
[...]
Desde luego que de la familiaridad en sí hay una que es cuidadosa –no solo de nosotros mismos sino también de nuestros vecinos, como si, en cierto modo, fueran iguales a nosotros– y otra que es electiva, por medio de la cual elegimos los bienes para nosotros mismos, sin preocuparnos de ellos por sí mismos, sino con el deseo de que tales bienes nos pertenezcan. (Comm. in Plat. Theat. VII, 26‑VII, 37).
Los estoicos y la cuestión de la familiaridad, José María Zamora Calvo Universidad Autónoma de Madrid. http://www.scielo.org.co/pdf/pafi/n45/2389-9387-pafi-45-00011.pdf

1. La teoría de los apegos

La teoría del apego es un estudio interdisciplinario que abarca los campos de las teorías psicológicas, evolutivas y etológicas. Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, los huérfanos y sin hogar presentaron muchas dificultades, y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le pidió al psiquiatra y psicoanalista John Bowlby que escribiera un folleto sobre el tema, que él tituló privación materna. La teoría del apego surgió de su trabajo posterior sobre las cuestiones planteadas.

La teoría del apego (Wikipedia) - https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_apego


1.2. ¿Cómo se relaciona el apego infantil al apego que genera el adulto?


Fuente gráfica 1: https://apegosposibles.com/aprende/apego-adultos

1.3. ¿Es tan necesario el apego para el desarrollo afectivo y cognitivo en la infancia?

El apego es clave en el desarrollo psicológico de un niño y en la formación de su personalidad porque:
Es una necesidad del ser humano, tan importante como el comer o el respirar.
La calidad del apego influye en su comportamiento y en su desarrollo futuro.
Le da seguridad, autoestima, confianza, autonomía, efectividad para enfrentarse al mundo que le rodea.

¿Cómo se forma?
El apego se crea cada vez que los padres responden a las necesidades del bebé. No se forma en minutos u horas sino en el día a día de la relación, desde el nacimiento hasta la adultez.

El apego se basa en:
La construcción mental que permite establecer la relación.
La unión afectiva
El sistema de conductas focalizado en mantener el contacto privilegiado.


 

1.4. ¿Qué sería lo opuesto al apego? El castigo

El castigo, como método educativo, tiene inconvenientes y desventajas:
Sólo “funciona” mientras está presente el castigador.
Provoca agresividad en el castigado, contra el que castiga, contra iguales, contra inferiores, contra cosas.
Crea inseguridad, angustia, miedo.
Se puede convertir en premio “si se porta mal es la única forma de que hagan caso”.
Fuente: La importancia del apego en el desarrollo infantil
Autores: Guadalupe del Castillo Aguas. Pediatra. y José Ruiz López. Psicólogo clínico. Logopeda. https://www.familiaysalud.es/vivimos-sanos/salud-emocional/en-el-lactante-y-nino-pequeno/la-importancia-del-apego-en-el


Recordemos que no son las cosas materiales, sino la atención, el afecto, el que nos hagan caso, las recompensas más preciadas para un niño y si esto no lo consigue por las “buenas” se va a intentar conseguir de manera “retorcida”.

1.5. ¿Cuáles son los tipos de apego?

Apego Seguro
Un niño desarrollará este tipo de apego si los padres están disponibles fácilmente y responden con amor a sus peticiones de confort y/o protección, desarrollando una base de seguridad para su futuro.

Tras experimentos realizados con madres e hijos, se ha podido observar que estos niños manifiestan conductas positivas hacia la madre tras la separación breve. Se saben queridos y eso les da más confianza, seguridad tanto en sí mismos como en los otros. Tienen confianza en que sus padres serán accesibles y colaboradores cuando se encuentren en situaciones de difícil resolución, saben que sus padres no los engañan. Esto les permitirá explorar el mundo con seguridad y confianza.
 

Apego Inseguro
Este tipo de apego surge de manera general porque al menos un modelo parental se caracteriza por ser inconsistente a la hora de responder a las conductas infantiles de búsqueda de cuidado, por desalentar sus intentos de exploración, por rechazar sus intentos de acercamiento. También puede deberse a constantes amenazas de pérdida de amor y/o separación, y a abandonos y pérdidas reales. Este modelo da lugar a una amplia variedad de dificultades personales y emocionales a lo largo del curso del desarrollo. Pudiendo diferenciarse en tres diferentes tipos:

Apego Ambivalente: Los niños manifiestan conductas positivas, negativas y/o de oposición. Necesitan continuas muestras de afecto para sentirse seguros, porque su modelo mental no incluye una idea del otro como alguien permanentemente disponible. El niño es propenso a la separación ansiosa, es proclive al aferramiento y se muestra ansioso frente a la exploración del mundo.

Apego Evitativo: Los niños ignoran o evitan a la madre después de una separación breve. Los niños desconfían de que sus padres entregarán la ayuda requerida, por lo que intentan ser emocionalmente autosuficientes.

Apego desorganizado - desorientado: Estos niños reaccionan al reencuentro con su madre de una manera confusa y desorganizada. La madre es imprevisiblemente atemorizante con su hijo, de modo que la desorganización es una respuesta al temor y a la falta de coherencia. Experiencias directas de abuso y maltrato.

Filosofía y Psicología, El apego - http://blogconfederacion.blogspot.com/2013/11/apego.html

 
2. ¿Cómo afecta el tipo de apego en la vida adulta y en las relaciones?

 

Fuente: https://apegosposibles.com/aprende/apego-adultos

3. La importancia del desapego
Dentro de la filosofía y cultura oriental, el término desapego es muy utilizado, en el que centran gran parte de su vida diaria. Aprender a dejar ir, no aferrarse, dejar de necesitar, perder el miedo a perder, ya sean objetos materiales, trabajo, personas… nos proponen el alcance de la felicidad desde el dejar de esperar que la felicidad dependa de lo que poseemos a nuestro alrededor, sino de nosotros mismos y nuestra esencia, de lo que somos.

Dentro de este planteamiento de vida nosotros somos responsables de nosotros mismos, nos queremos por quienes somos, y somos lo suficientemente valiosos sin necesitar la aprobación o validación externa. No significa relacionarnos desde la distancia emocional, sino saber dar y recibir amor sin necesitarlo de forma ansiosa o sin miedo al abandono, saber que ocurrirá, que la vida cambia, las personas van y vienen, los hijos crecen… y que podemos disfrutar el momento sin aferrarnos al pasado o tener miedo de lo que vendrá.
Un café con paula “Apego y desapego”- Europasur: https://www.europasur.es/campo-de-gibraltar/Apego-desapego-cafe-paula_0_1559544473.html

 
4. La invisible esclavitud del apego
El control, los celos y el afán de poseer nacen del miedo a perder lo que se tiene. Son enemigos sutiles que destruyen la confianza y la libertad. Aunque pueda parecer lo mismo, el apego es lo contrario del amor.

Los seres humanos vivimos atrapados por una perversa paradoja. Y ésta se revela, sobre todo, en nuestra manera de relacionarnos con todo lo que podemos ver, tocar y disfrutar. En un primer momento, sufrimos por querer lo que no tenemos. El deseo nos lleva a poner nuestro foco de atención en alguien o algo muy concreto, como por ejemplo la persona que nos gusta, el trabajo soñado, más tiempo libre o un coche deportivo.

Sin embargo, por el camino nos olvidamos de nosotros mismos, de lo que verdaderamente necesitamos. Y al obsesionarnos con el objeto de nuestro deseo, de forma inconsciente terminamos idealizándolo. De hecho, llegamos a creer que cuando lo obtengamos nos proporcionará la felicidad de la que carecemos.

La paradoja surge cuando finalmente conseguimos eso que tanto anhelamos. Por muy absurdo que parezca, de pronto comenzamos a sufrir por miedo a perderlo, a que nos lo estropeen, a que nos lo quiten. Y este temor contamina nuestra mente y nuestro corazón con dosis diarias de ansiedad, nervios y preocupación, atascándonos en un callejón sin salida: no podemos vivir felices con ello ni sin ello…
[...]
“Sin ti no soy nada”. “Lo mejor de mí eres tú”. “Necesito saber que me deseas”. “No puedo pasar un día entero sin saber de ti”. “Soy celoso porque te amo”. “Por ti sería capaz de matar”… Por muy románticas que puedan sonar, este tipo de frases hechas suelen pronunciarse en el seno de una pareja envenenada por el apego.

Al creer que nuestra felicidad depende de la persona que queremos, destruimos cualquier posibilidad de amarla. Bajo el embrujo de esta falsa creencia, nace en nuestro interior la obsesión de poseerla, de garantizar que esté siempre a nuestro lado. Y el miedo a perderla nos lleva a tomar actitudes defensivas y conductas preventivas. Es entonces cuando aparecen los celos. Etimológicamente, esta palabra proviene del griego “zelos”, que significa “recelo que se siente de que algo nos sea arrebatado”. Son un síntoma que revela que vemos a nuestra pareja como algo que nos pertenece.

La invisible esclavitud del apego Borja Vilaseca. https://borjavilaseca.com/la-invisible-esclavitud-del-apego/

Referencias
La teoría del apego (Wikipedia) - https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_apego
Gráfica 1*: Fuente: https://apegosposibles.com/aprende/apego-adultos
Filosofía y Psicología, El apego - http://blogconfederacion.blogspot.com/2013/11/apego.html
La importancia del apego en el desarrollo infantil
Autores: Guadalupe del Castillo Aguas. Pediatra. y José Ruiz López. Psicólogo clínico. Logopeda.https://www.familiaysalud.es/vivimos-sanos/salud-emocional/en-el-lactante-y-nino-pequeno/la-importancia-del-apego-en-el
Un café con Paula “Apego y desapego” - Europasur: https://www.europasur.es/campo-de-gibraltar/Apego-desapego-cafe-paula_0_1559544473.html
La invisible esclavitud del apego Borja Vilaseca. https://borjavilaseca.com/la-invisible-esclavitud-del-apego/
Los estoicos y la cuestión de la familiaridad, José María Zamora Calvo Universidad Autónoma de Madrid. http://www.scielo.org.co/pdf/pafi/n45/2389-9387-pafi-45-00011.pdf

 

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lunes, 4 de julio de 2022

XXV Café Filosófico Virtual: "¿Es el apego necesario?"

Y Como todo lo que empieza debe terminar, todo tiene su ciclos y sus finales. Os invitamos al Café Filosófico nº 25, tercero de la temporada y último de este proyecto que comenzó en 2020 durante el estado de confinamiento.

Recuerda que para participar debes rellenar este formulario previamente


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Nuestra máxima es muy simple:

"No es suficiente tener el valor en tus convicciones, también debes tener el valor de que tus convicciones sean desafiadas."  Christopher Phillipps - Sócrates Café

martes, 14 de junio de 2022

Resumen: XXIV Café Filosófico Virtual: "¿Está el ser humano preparado para el poliamor?"

  ** Aviso ** Esto es un resumen de la actividad. Puede contener equívocos y algunos comentarios o aportaciones que se hicieron pero que no se se recopilaron.

Nuestra sesión comenzó pidiendo que tratáramos de tener una actitud de apertura para analizar un tema que, aunque cada vez está más reconocido, sigue siendo algo extraño a ojos de los demás. Además, pedimos que no usaran la generalización para que se distanciaran del tipo de relación con el que hemos crecido siendo niños. Sea como sea comenzó la actividad con el disparador reflexivo, que nos sirve para posicionarnos en el tema y arrancar la actividad.


A continuación pasamos a analizar los diferentes textos que pasan desde la antropología filosófica y cultural, la relación abierta entre Simon de Beauvoir y Jean Paul Sartre


1. ¿De qué hablamos cuando hablamos del poliamor? Entre la poligamia, la poliandria y la poliginia.

La poligamia refiere al proceso por el cual una persona se casa con varios esposos (poliandría) o varias esposas (poliginia). A diferencia del poliamor, en este caso sí se formaliza un matrimonio.

Además, en este caso no existe simetría de poder entre los involucrados, pues es uno el que tiene el poder sobre el resto. Es decir, la relación se configura sobre una base no igualitaria. La forma más común de poligamia se da cuando un hombre posee varias mujeres, algo que en ciertas culturas orientales está muy normalizado. Sin embargo, en países occidentales como España esta práctica no es legal y está penada por la ley.
[...]
El término poliamor es un neologismo que se ideó para referir a aquellas relaciones amorosas en las que hay más de dos personas implicadas de manera simultánea. Para hablar de poliamor es necesario que cada una aporte su consentimiento y sea conocedora de todos los implicados.

Para algunas personas el poliamor es toda una filosofía de vida, por la que el amor no se concibe como una necesidad que lleva a la dependencia y la exclusividad, sino como un espacio compartido con varios individuos donde existe transparencia y honestidad entre todos ellos.

Lejos de vivir las relaciones sentimentales como una búsqueda continua de exclusividad y complacencia, los defensores de esta forma de amor apuestan por una visión abierta, menos limitada por normas impuestas y, sobre todo, flexible.

Es común caer en el error de concebir el poliamor como una forma de tener relaciones sexuales con varias personas. Sin embargo, este no sólo implica el aspecto sexual, sino todo el componente emocional y afectivo propio de cualquier relación monógama estable.

Diferencias

1. Género

Un primer punto importante tiene que ver con el género. En el poliamor el género no es relevante, pues cualquier persona puede iniciar una relación de este tipo con independencia de si es hombre o mujer.

Además, no necesariamente tienen que ser vínculos heterosexuales, pues el poliamor admite cualquier combinación. En cambio, la realidad de la poligamia es que es heterosexual y, habitualmente, quien tiene el poder de decisión es un varón que posee varias esposas.

Por ello, la poligamia se vincula con tradiciones mucho más arcaicas en aquellas culturas donde está normalizada. Sin embargo, el poliamor es algo muy reciente que ha llegado de la mano de la liberación sexual iniciada hace unas décadas.

2. Religión

La religión también marca una diferencia considerable entre el poliamor y la poligamia. Por su parte, la poligamia es una tradición aceptada en muchas religiones como el Islam o la Iglesia Fundamentalista de los Santos de los Últimos Días (Mormones).

Es una costumbre muy extendida en las sectas, donde siempre es el varón el que posee el beneficio de contraer matrimonio con diversas mujeres. En muchos de estos contextos religiosos la poligamia es un símbolo de poder. Así, los hombres más ricos son los que tienen la capacidad de mantener diversas esposas, mientras que los más pobres deben limitarse a la monogamia.

Por el contrario, el poliamor no se vincula con una religión en particular. De hecho, es común que las personas a favor de este tipo de relaciones no se sientan identificadas con la fe religiosa o el matrimonio tradicional. Por ello, una gran parte suelen ser ateos.

3. Aceptación social y legalidad

Ambas prácticas, el poliamor y la poligamia, no disfrutan de una buena imagen en la sociedad. No obstante, las realidades de una y otra son bien diferentes. La poligamia se ha ilegalizado en la mayoría de países occidentales, ya que es considerada una práctica que viola los derechos de las personas.

Todo el mundo debería formar parte de una relación de manera voluntaria y en una situación de igualdad respecto al otro, por lo que este sistema va contra los principios de una sociedad avanzada en esta cuestión.

Sin embargo, en oriente sigue siendo una tradición extendida y normalizada, por lo que la situación social y legal cambia enormemente en función del lugar del mundo del que estemos hablando. Mientras que en un país occidental la poligamia es inconcebible, en uno oriental puede aceptarse como algo natural.

En cuanto al poliamor, la situación es radicalmente distinta. En primer lugar, el poliamor no se encuentra ilegalizado como tal, pues se trata de una unión libre y consensuada entre personas que deciden amarse de esta forma. No se trata de una unión formal, no hay matrimonio, por lo que técnicamente es una práctica permitida.

Sin embargo, a nivel social el poliamor se concibe como algo raro, fuera de la norma y muchas veces incomprensible desde la óptica de las relaciones tradicionales y monógamas. Por ello, aunque es algo que está permitido y no viola los derechos de ninguna persona, sigue siendo una realidad difícil de digerir para mucha gente.

2. ¿Es una tendencia natural la monogamia o la poligamia?

Un aspecto realmente interesante de la sexualidad humana es el hecho de que en culturas muy diferentes, tomando como base la sexualidad o la actividad erótica (o con el objeto de regularla), se han creado formas de vida en común, tipos de organización social, familias y parejas.

Según el famoso antropólogo Irenaus Eibl-Eibesfeldt, hasta el momento actual la humanidad no conoce a ningún grupo humano que no se haya organizado en algún tipo de “pareja o matrimonio” relativamente estable, que no se organice de alguna forma en parejas o familias.

Es cierto que han aparecido grupos experimentales de seres humanos que mantenían relaciones sexuales entre sí, sin ningún lazo familiar, afectivo ni de pareja, pero también es cierto que este tipo de organización no ha sido una norma de vida en ninguna sociedad conocida.

Sí es cierto que las parejas y matrimonios que se forman en culturas diferentes, también son diferentes (monógamas, polígamas, monógamas sucesivas, incluso se puede dar la poliandria…). Según dicho antropólogo “Hay buenas razones para suponer que una horda promiscua nunca fue típica del Homo Sapiens. El hombre se halla adaptado emocionalmente y en su fisiología sexual a un nexo de pareja matrimonial duradero”.

Sirva de ejemplo mencionar que de 849 sociedades estudiadas por P.M. Murdock, 708 permiten la poligamia (83,5%), 137 sociedades (16%) son monógamas y 4 son poliándricas (una sola mujer tiene varios maridos). Aunque el número de sociedades monógamas sea menor, es cierto también que estas sociedades son las más numerosas en cuanto a población en el mundo.

También es curioso el hecho de que, incluso en las sociedades polígamas (donde está permitido el matrimonio con varias mujeres), la mayoría de los hombres tienden a casarse con una sola mujer (según Eibl-Eibesfeldt, en las sociedades polígamas es extraño el que un hombre tome más de una esposa).

Pero ¿Cuál es la tendencia “natural”…?. Muchos autores y muchas autoras se han preguntado si el ser humano es monógamo o polígamo “por naturaleza”. Y lo cierto es que hay opiniones muy diversas al respecto.

Desmond Morris afirma que somos “monógamos sucesivos”, es decir, que tendemos a establecer una pareja estable durante un tiempo, y pasado este tiempo tendemos a sustituirla por otra pareja estable, y así sucesivamente...

En relación con el enamoramiento y la necesidad de colaborar para criar a los hijos, Desmond Morris va más allá de la teoría de la monogamia sucesiva, y afirma que generalmente las parejas se enamoran y establecen un vínculo con una duración media de cuatro-cinco años. Lo suficiente para que el nuevo hijo/a supuestamente concebido por la pareja tenga una cierta madurez, y se asegure su supervivencia. Pasado este tiempo, tanto los hombres como las mujeres tienden a buscar una nueva pareja, aunque siguiendo criterios diferentes (el hombre se fija más en las características físicas, y la mujer en el estatus y la inteligencia del varón).

Según José Antonio Marina sí hay diferencias entre los sexos en cuanto a la tendencia a mantener una pareja estable o buscar varias parejas. Este filósofo afirma que “hay una clara inclinación del hombre –ser humano masculino- hacia la poliginia” y en cambio “una clara inclinación de la mujer hacia la monogamia, que ha acabado por atraer al hombre”. Según este autor, el amor sexual y el vínculo de pareja es un invento femenino, que ha acabado por interesar y gustar a los hombres.

Al igual que sucede con los primates, en el ser humano se presentan diversas formas de organización o estructura “familiar” o de pareja. En algunas sociedades, está prescrita por ley la monogamia (sociedad occidental), en otras, la poligamia está permitida (musulmanes, mormones…), que lleva a pensar que muy probablemente el ser humano disponga de cierta flexibilidad que le permite adaptarse a formas diferentes de estructura familiar.

Pero lo indudable es que existe en el ser humano la tendencia a crear vínculos afectivos a partir de la actividad erótica. Es decir, existe en el ser humano una cierta tendencia a vincularse emocionalmente con sus amantes.

María Victoria Ramírez ¿Cuál es la tendencia "natural": poligamia o monogamia?

3. Los pros y los contras de la poligamia

En un estado natural, las personas suelen ser polígamas, al igual que la mayoría de los animales. Entre muchos animales, el macho deja a la hembra al poco tiempo después de aparearse y mucho antes de que nazcan las crías.

Según estudios genéticos, la monogamia empezó a prevalecer por encima de la poligamia en poblaciones humanas hace relativamente poco, alrededor de 10,000 años. Las uniones monógamas podrían haberse desarrollado en conjunto con la agricultura sedentaria, ayudando a mantener las tierras y propiedades dentro del mismo grupo familiar reducido.

La poligamia podría permitirle a un macho engendrar más hijos, pero en ciertas circunstancias, la monogamia puede representar una estrategia reproductiva general más exitosa. Al permanecer con la misma hembra, un macho es capaz de garantizar que las crías de la hembra son suyas y evitar que estas crías sean asesinadas por machos rivales que buscan recobrar la fertilidad de la hembra (ya que la lactancia es un anticonceptivo natural).

En La Guerra de las Galias, Julio César decía que, entre los antiguos britanos, ‘diez o hasta doce hombres tienen esposas en común’, particularmente hermanos o padres e hijos, lo que suena más como un matrimonio grupal que como poliandria en sí.

Hablemos de la poliandria, que es más rara, primero. La poliandria suele estar ligada con la escasez de tierras y recursos, como sucede, por ejemplo, en ciertas partes del Himalaya, y ayuda a limitar el crecimiento de la población. Si involucra que muchos hermanos se casen con una sola esposa (poliandria fraternal), también evita que las tierras familiares se dividan.

En Europa, esto generalmente se lograba mediante la regla feudal de primogenitura (‘el que nace primero’), que aún se practica entre la aristocracia británica e implica que el hijo legítimo mayor hereda todas las tierras (o casi todas) de ambos padres. La primogenitura tiene ancestros en la Biblia, siendo la más notoria cuando Esaú le vende su “derecho de nacimiento” a su hermano Jacob.

Actualmente la mayoría de los países que permiten la poligamia, invariablemente en la forma de poliginia, son de mayoría musulmana o con una minoría musulmana considerable. En algunos países como India, la poligamia solo es legal para musulmanes. En otros, como en Rusia y Sudáfrica, es ilegal pero no se penaliza.

Bajo la jurisprudencia marital islámica, un hombre puede tener hasta cuatro esposas, siempre y cuando las trate a todas equitativamente. Mientras que es cierto que el Islam permite la poliginia, no la requiere ni impone: el matrimonio solo puede ocurrir con consentimiento mutuo y una futura esposa puede estipular que su pareja no debe tomar una segunda esposa. La monogamia está muy lejos de ser la norma en las sociedades musulmanas, ya que la mayoría de los hombres no pueden mantener a más de una familia y muchos de los que pueden preferirían no hacerlo. Dicho esto, la poliginia sigue siendo muy común en la mayor parte de África Occidental.

La poligamia es ilegal y criminalizada en Europa y América, así como en China, Australia y otros países. Aún así, hay muchas instancias de poligamia en Occidente, especialmente dentro de las comunidades inmigrantes y ciertos grupos religiosos como la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y otros fundamentalistas mormones.

Entonces, ¿cuáles son los pros y los contras de la poligamia (o poliginia)? Un hombre que tiene más de una esposa satisface más sus apetitos sexuales, indica un alto estrato social y generalmente se siente más satisfecho consigo mismo. Sus muchos hijos son una fuente de mano de obra y, mediante matrimonios arreglados, le proporcionan los medios para crear múltiples alianzas políticas, económicas y sociales. La poliginia podrá ser cara, pero a largo plazo puede hacer que un hombre rico se vuelva todavía más rico.

Incluso en las sociedades monógamas, los hombres poderosos suelen establecer relaciones sexuales a largo plazo con mujeres que no son sus esposas (concubinato), aunque en este caso las parejas de menor importancia y los hijos que nacen de ellas no disfrutan de las mismas protecciones legales que la esposa e hijos ‘legítimos’.

En algunos casos, uno hombre puede divorciarse para casarse con una mujer mucho más joven (monogamia serial), monopolizando así la vida reproductiva de más de una mujer sin sufrir el estigma social de la poligamia.

La poliginia podría incluso beneficiar a las mujeres involucradas que pueden llegar a disfrutar la compañía de la otra y compartir las cargas de cuidar la casa y a los niños. Las esposas más jóvenes pueden incrementar el estatus y posición de la primera esposa, mientras que al mismo tiempo le quitan responsabilidades. En tiempos de guerra, con un alto nivel de mortalidad y ausencia de los hombres, la poliginia apoya el crecimiento de la población al garantizar que cada hembra pueda encontrar pareja.

Pero, por supuesto, la poliginia tiene sus desventajas, especialmente cuando se percibe a través de la lente occidental.

Lo más importante, la poliginia permite y perpetua la inequidad de género poniendo a las coesposas oficialmente por debajo de su esposo.

Las mujeres en uniones poligínicas tienden a casarse a edades más tempranas entrando a un ambiente que por naturaleza incita los celos, la competencia y el conflicto, con instancias en las que una coesposa envenena a las crías de otra buscando mejorar las posibilidades de las suyas.

Aunque el esposo en principio debería tratar a todas sus coesposas de manera equitativa, en la práctica es casi inevitable que favorezca a una por encima de las demás, probablemente a la más joven y más reciente.

Neel Burton M.D. Los pros y los contras de la poligamia

4. Otras formas de amar. Entendiendo el poliamor
El poliamor no es algo nuevo, aunque a veces parezca un concepto acuñado por la generación millennial. Ejemplo de ello son relaciones como la de los escritores Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, o el destructivo amor entre los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo. Muchos de sus seguidores se amparan en el hecho de que la monogamia es antinatural y algo que se nos ha impuesto socialmente.

La poligamia (es decir, la persona que está desposada con varios individuos) se divide en poliginia (un hombre casado con varias mujeres) o en poliandria (una mujer con varios hombres). Probablemente te suene más la primera, debido a que en algunas sociedades como la islámica y la hindú se aceptan estos matrimonios. Pero el ejemplo más remarcable y que sin duda nos viene a la cabeza cuando hablamos de poligamia o poliginia, puesto que a veces ambos conceptos se confunden, es el de los mormones. La práctica comenzó con Joseph Smith, que afirmaba haber tenido una revelación en 1831 con la que algunos hombres mormones específicamente elegidos debían practicar el matrimonio plural.

La poliginia es histórica y solo hay que hacer un breve repaso para comprobarlo. Los antiguos escritos hablan de los persas como padres de cientos de hijos. Ashoka, el emperador pacifista indio, tenía, según la fuente a la que se consulte, o bien seis o bien 99 hermanos. Quizá los 152 hijos que se le atribuyen a Ramsés II parezcan muchos, pero teniendo en cuenta que tuvo esposas reales, esposas secundarias y concubinas, quizá no es tan extraño. En el México azteca, Nezahualcóyotl es recordado como padre de 57 hijas y 60 hijos, y la lista sigue.

Pero la poliandría quizá no te suene tan familiar. En la mayoría de los casos se debe a la escasez de mujeres en edad casadera en comparación con el número de varones. Los estudios parecen demostrar que no pocos pueblos de la antiguedad practicaban esta variedad de la poligamia: los guanches en las Islas Canarias son un ejemplo. Los inuits otro. En este caso era el primer marido el que elegía al segundo, en muchos casos un hermano, para que protegiera la casa y a la familia cuando él no pudiera estar presente. Su filosofía era que si la mujer quedaba embarazada en su ausencia, por lo menos el retoño sería hijo de alguien a quien él había elegido. También se garantizaba el cuidado del niño en un entorno amenazador. Esta poliandría "fraternal" también se daba (y se sigue dando) en otras zonas como India, Nepal o Tíbet, aunque en este último fue prohibida al tomar el control las autoridades chinas.

Algunos estudios apuntan que la razón principal de la poliandría es puramente económica. En culturas como Nepal, Nigeria o la India la muerte del patriarca implica el reparto de las tierras entre hijos y esposas. Si todos los hijos se encuentran casados con una misma mujer no existe riesgo de diluir las riquezas y todas se aglutinarán bajo la misma familia.

Sin embargo, otras investigaciones han tratado de demostrar que la poliandría no es tan extraña como pudiera parecer a simple vista y que, además, se da en sociedades igualitarias. Los antropólogos Katherine E. Starkweather, de la Universidad de Missouri, y Raymond Hames, de la Universidad de Nebraska, publicaron en la revista 'Human Nature' una investigación en la que identifican 53 grupos humanos poliándricos. "Demostramos que aunque la poliandría es rara, no es tan extraña como se cree comúnmente, se encuentra en todo el mundo y especialmente en las sociedades con estructuras sociales relativamente simples, sin burocracia política ni organización social elaborada". También plantean la probabilidad de que esta forma de organización social fuera la práctica común en las primeras sociedades humanas.

5. La poligamia: El amor entre Sartre y Simone de Beauvoir

Actualmente, uno de los defensores de la poligamia es el psicólogo Christopher Ryan, quien asegura que los seres humanos estamos “bioprogramados” para la poligamia, “para recibir y responder a estímulos sexuales de múltiples parejas”.

Sí, evolucionamos, pero “seguimos siendo primates y el polideseo nos mueve”, dice Ryan.

“Los humanos parecen ser los más sexuales de los primates, con penes y testículos más grandes que cualquiera de los otros primates y con estos últimos fuera del cuerpo, donde temperaturas más frías ayudan a preservar el esperma para poder tener múltiples eyaculaciones. La capacidad multiorgásmica de las mujeres y la llamada vocalización copulatoria femenina también sugieren que estamos hechos para la poligamia”, sostiene el psicólogo estadounidense.

Además, Ryan justifica la poligamia al argumentar que dos de las especies primates más cercanas a los humanos confirman esta idea: “Las chimpancés hembras en ovulación copulan docenas de veces al día con todos los machos posibles. Los bonobos –chimpancés pigmeos-, famosamente promiscuos, disfrutan comúnmente de sexo grupal, el cual sirve para limar asperezas en el tejido social”.

Sin embargo, la sociedad actual –occidental, al menos- no funciona de esta manera. De este lado del mundo se practica la monogamia, #dicen, aunque Ryan opine que “los recién casados serían inteligentes si recordaran que aunque hayan escogido ser vegetarianos, es totalmente natural desear una hamburguesa con queso y tocino ocasionalmente”.

Sartre, por su parte, mantenía a muchas mujeres y hasta distribuía de manera perfecta el tiempo que pasaba con cada una. Por supuesto, ninguna sabía de la existencia de las demás, sólo su “Castor” (así le decía de cariño a Simone, por la semejanza de su apellido, Beauvoir, con la palabra beaver, castor en inglés).

En realidad, Sartre tenía un código: “viajes, poligamia, transparencia”. En su obra Carnéts, el filósofo francés explica que le dijo a Simone que “existían dos tipos de sexualidad: el amor necesario y los amores contingentes. Y Castor aceptó”. Simone era su amor necesario, las demás – Michelle, Arlette, Evelyne y Wanda-, eran los contingentes.

No obstante el acuerdo que los dos tenían (el de poder tener relaciones con las parejas que quisieran), nada fue tan fácil.

En La ceremonia de los adioses, Simone de Beauvoir describe los últimos años con Sartre, ese hombre con los ojos casi muertos, con una adicción terrible al alcohol, a las drogas…y a las mujeres.

Aunque esta pareja fue el símbolo del “amor libre” y la liberación sexual en los años sesenta y setenta, Simone de Beauvoir sí se sintió traicionada por Sartre, y más cuando éste “adoptó” a Arlette y la convirtió en la heredera universal de sus derechos literarios.

Sí, somos primates, pero somos primates que no están exentos de sentirse heridos y conflictuados con y por una relación polígama, a diferencia de los chimpancés y bonobos. Tal vez por ello la monogamia es más cómoda.

Ryan explica que la sociedad y la cultura –terapeutas y sacerdotes incluidos- han reprimido “nuestra energía libidinal”.
Simone de Beauvoir le confesó a uno de sus amantes, al estadounidense Nelson Algren, que su relación con Jean Paul Sartre “más que amor era una amistad íntima”.
 

6. Ética promiscua

Nosotras creemos que, cuando revisamos los temas que limitan nuestras relaciones y nuestro entendimiento de cómo podríamos ser, esencialmente estamos planificando una sociedad que es apropiada para la manera en que muchas personas viven hoy en día, una sociedad que cubre nuestra necesidad de cambio y desarrollo mientras que alimenta nuestro deseo fundamental de pertenencia y familia. Creemos que la monogamia continuará creciendo con fuerza como siempre lo ha hecho, una opción perfectamente válida para quienes la eligen auténticamente. (No creemos que haya mucha posibilidad de elegir cuando se te prohíbe elegir cualquier otra cosa). Queremos abrir nuestra visión para acomodar la monogamia junto con una plétora de opciones diferentes; plantear estructuras familiares y sociales que tienen espacio para crecer, que continuarán extendiéndose y adaptándose, que podemos adaptar a nuestras necesidades en el futuro. Creemos que las nuevas formas de familia están evolucionando ahora y que continuarán evolucionando, no para suplantar a la familia nuclear sino para completarla con una abundancia extraordinaria, un mundo de posibilidades para compartir familia, sexo y amor. Queremos liberarte para que crees la sociedad en la que quieres vivir. Nuestra visión de la utopía tiene al amor libre, en todas sus formas, como la base de nuestras ideas sobre la realidad, las posibilidades, sobre estar en el presente y planear el futuro. Creemos que la libertad sexual nos ayuda a ver nuestras vidas como realmente son, con la honestidad para autopercibirse nítidamente y la fluidez para dejarnos avanzar según cambian nuestras necesidades, como un yo que cambia y evoluciona con parejas que cambian y evolucionan en un mundo que cambia y evoluciona.

Nosotras vemos la promiscuidad ética llevándonos hacia un mundo en el que reconocemos y respetamos los límites de cada individuo más de lo que respetamos cualquier conjunto de reglas preconcebidas sobre cuáles deben de ser nuestros límites. Y al expandir nuestra vida sexual, prevemos la evolución de una sexualidad avanzada, en la que podemos llegar a ser más naturales y más humanos. El sexo realmente es la expresión física de un montón de cosas que no existen físicamente: amor y alegría, emociones profundas, una cercanía intensa, conexión profunda, consciencia espiritual, sentimientos increíblemente agradables, a veces incluso, un éxtasis trascendente. En nuestra utopía, el intelecto no es una trampa en la que nos bloqueamos, sino una herramienta valiosa que usamos para descubrir y llegar a todas las partes de nuestro ser y darle forma a nuestra experiencia. Liberamos nuestro yo natural al abrir nuestro intelecto a la consciencia sensual de nuestros cuerpos, y cuando ya no nos atascamos en nuestro intelecto nos volvemos algo más espirituales. Nos hacemos personas intuitivas, que experimentan el placer de vivir por el simple hecho de experimentarlo, en comunión con nuestro yo, con otras personas y más allá.

Nuestra fantasía sexual favorita: la abundancia Nosotras queremos que todo el mundo sea libre para expresar amor de todas las maneras posibles. Queremos crear un mundo en el que haya abundancia de lo que todo el mundo necesita: comunidad, conexión, tacto, sexo y amor. Queremos que nuestra prole se críe en un clan familiar, en un pueblo conectado dentro de la alienación urbana, donde haya suficientes personas adultas para quererla y quererse mutuamente y, por lo tanto, amor, atención y crianza de sobra, más que suficiente para funcionar.
Queremos un mundo donde las personas enfermas y ancianas sean cuidadas por personas que las quieren, en el que los recursos son compartidos por personas que se cuidan mutuamente. Soñamos con un mundo en el que nadie sea dominado por deseos que no tiene esperanza de satisfacer, en el que nadie sufra vergüenza por sus deseos, o vergüenza sobre sus sueños, en el que nadie sufra por la carencia de sexo.
Soñamos con un mundo en el que no se limite a nadie con unas reglas que dictan que deben ser menos personas, y personas menos sexuales de lo que tienen capacidad de ser.
Soñamos con un mundo en el que nadie pueda votar sobre tus elecciones vitales, o sobre a quién decides amar, o sobre cómo eliges expresar ese amor, excepto tú y tus amantes. Soñamos con un tiempo y un espacio en el que todo el mundo sea libre para declarar públicamente su amor, por quien sea, amando de la manera que sea. Y estamos deseando que se hagan realidad los sueños de toda una vida.
Dossie Easton, Janet W. Hardy, Ética promiscua
 

Finalizamos la actividad eligiendo el tema y la fecha del próximo, y último, Café Filosófico Virtual:

Domingo, 10 de julio, a las 17:00 (hora española)

"¿Es el apego necesario?"

Referencias

María Victoria Ramírez ¿Cuál es la tendencia "natural": poligamia o monogamia?
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2008-05-26/cual-es-la-tendencia-natural-poligamia-o-monogamia_522594/


Neel Burton M.D. Los pros y los contras de la poligamia
https://www.psychologytoday.com/es/blog/los-pros-y-los-contras-de-la-poligamia


Natalia Menéndez Martínez, Las 3 diferencias entre Poliamor y Poligamia (explicadas)
https://medicoplus.com/psicologia/diferencias-poliamor-poligamia


Mayra Zepeda, La poligamia: El amor entre Sartre y Simone de Beauvoir
https://www.animalpolitico.com/lovaholicos-anonimos/la-poligamia-el-amor-entre-sartre-y-simone-de-beauvoir/


Ada Nuño. Las mujeres que se casan con varios hombres: por qué lo están haciendo
https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-04-13/historia-poliandria-mujeres-varios-maridos_1934078/


Dossie Easton, Janet W. Hardy, Ética promiscua
https://www.casadellibro.com/libro-etica-promiscua-3-ed/9788496614895/2125628

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domingo, 5 de junio de 2022

XXIV Café Filosófico Virtual: "¿Está el ser humano preparado para el poliamor?"

Volvemos con fuerza y con ganas al penúltimo Café Filosófico Virtual que vamos a tener. Vamos a despedir el proyecto de los Cafés Filosóficos pronto, pero antes tenemos que cumplir con la tradición de invitaros a este Café Filosófico nº24. En el que abordaremos este tema:


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Nuestra máxima es muy simple:

"No es suficiente tener el valor en tus convicciones, también debes tener el valor de que tus convicciones sean desafiadas."  Christopher Phillipps - Sócrates Café

lunes, 25 de abril de 2022

Resumen: XXII Café Filosófico Virtual: "¿Qué significa vivir en pareja?"

 ** Aviso ** Esto es un resumen de la actividad. Puede contener equívocos y algunos comentarios o aportaciones que se hicieron pero que no se se recopilaron.

Empezamos el Café Filosófico Virtual nº 22 calentando motores y realizando un pequeño disparador para situarnos frente al tema. Les pedi que pensaran en cinco normas, ordenadas de mayor a menor, que deban darse en una relación de pareja sana. 


 Cada quien dio su lista y sus prioridades. Entre estas salió el diálogo, la confianza, el respeto, la vida sexual activa, el cariño, el compromiso, la responsabilidad, los proyectos comunes, el espacio individual, etc.

Tras esto pasamos a leer los fragmentos del libro Amo, luego existo, de Manuel Cruz (Espasa, 2010) y pasamos a analizarlos.

1. El amor entre los cuerpos (Pedro Abelardo y Eloísa)

«Parecería como si el umbral máximo de lo que resultara entre nosotros correcto aceptar para quienes han dejado definitivamente atrás la condición de cuerpos gloriosos fuera el de una ternura apenas coloreada por una suave tonalidad pastel de pasión residual. Pero tal vez el cuerpo responda a una lógica que a tales discursos se le escapa por completo. Tal vez sea que, así como la palabra guarda la memoria del alma, el deseo conserva la memoria del cuerpo. O quizá sea que el cuerpo tiene su propia memoria y es capaz de ver en el cuerpo que yace a su lado el que fue, aunque ya apenas lo sea; rescata del olvido el brillo del pasado y lo trae, con amorosa delicadeza, hasta el presente, redimiéndolo de la usura del tiempo, del castigo inmisericorde del devenir. Se equivocan quienes creen que los cuerpos se conforman, se resignan, se avienen a lo que les es dado. No. El cuerpo recuerda la plenitud que tuvo aquel otro con el que ahora se está fundiendo. El cuerpo preserva la memoria —su propia memoria— de lo que conoció, de lo que alguna vez fue suyo. No intento referir una ensoñación o una fantasía. Absténganse de sonreír, displicentes, sobrados en su ignorancia, quienes no conozcan esta experiencia: sentir la violenta punzada del deseo al reconocer en ese cuerpo que ha cambiado radicalmente, que casi en nada se parece al de tiempo atrás, sus contornos perdidos, el fresco olor que lo identificaba, la tersura hoy marchita de su piel. Solo desde esa memoria del cuerpo a la que me he venido refiriendo resulta inteligible tan reveladora experiencia. Quienes sí la conozcan no solo sabrán, con perfecta exactitud —con total precisión—, de qué he estado hablando. Gozarán, además, de un privilegio suplementario: comprenderán el significado profundo de lo que les pasa y, en similar proporción, acaso les sea dado reconciliarse con ello, desembarazándose, en el mismo gesto, del sentimiento de vergüenza y de culpa que esta sociedad se obstina en cargar sobre sus conciencias por cometer el delito de desear libremente.»

2. Del amor como alegría (Spinoza).

«Aquello, por tanto, que constituye la condición de posibilidad de la alegría es al propio tiempo lo que la amenaza. Aquello que el individuo ama porque constituye el instrumento privilegiado para alcanzar la felicidad es precisamente aquello que lo esclaviza y, en la misma medida, lo que le resulta odioso. Las emociones, imprescindibles para preservar, perseverar y mejorar al sujeto, lo convierten en dependiente de la fortuna, condenado «a ser zarandeado por causas exteriores y no gozar nunca de la verdadera tranquilidad de ánimo». La inequívoca inspiración estoica de los planteamientos spinozianos aboca, en el caso específico de la emoción amorosa, a la misoginia y, en el de las emociones en general, a la renuncia a las cosas que otros consideran esenciales para el bienestar. No existe, de acuerdo con lo expuesto, más amor que el amor anestesiado, más pasión que la que conseguimos que no exista. Hay renuncia, reconoce Spinoza al final de la Ética, pero ella misma es la prueba de que hemos alcanzado la felicidad. Alguien podría valorar este recurso argumentativo postrero como una manifestación, apenas enmascarada, de la ancestral tendencia del pensamiento a presentar lo inevitable como virtuoso. Se diría que nuestro autor intenta protegerse de este reproche cuando concluye su libro con un tan rotundo como enigmático «todo lo excelso es tan difícil como raro». Pero tal vez conviniera detenerse un paso antes de esa conclusión, en el momento en el que Spinoza constata el misterio que acompaña a la elección de la persona amada. Que quedemos prendados de alguien que sobre el papel no cumplía ninguno de los requisitos que estábamos convencidos de que debía cumplir nuestra pareja ideal o que, a la inversa, nunca estalle la chispa con aquella otra persona que sí parecía cumplirlos y con la que incluso, por añadidura, teníamos trato frecuente y fluido, quizá no impugne la idea spinoziana de que lo que está en juego en el amor es la satisfacción de toda una serie de necesidades profundas del yo. Acaso lo que pruebe la pareja inesperada o sorprendente es que uno nunca termina de conocerse del todo a sí mismo.»

3. Acerca de la promesa, tan imposible como inevitable, de amor eterno (Nietzsche).


«Caemos entonces en la cuenta de que lo que realmente habríamos perdido en el camino es algo de nosotros mismos. Nuestro propio yo habría cambiado, lo que es como decir que el yo anterior habría muerto. Se trata, señala Proust, de «una verdadera muerte de nosotros mismos, muerte tras la que vendrá una resurrección, pero ya de un ser diferente y que no puede inspirar cariño a esas partes de mi antiguo yo condenadas a muerte». La cosa va más allá, pues, del hecho sabido de que mi relación con los otros proporciona la ocasión, el medio, para tener noticia de mí, o incluso de que la única forma de experiencia de mí mismo me viene dada a través del otro. Estaríamos afirmando que en realidad son los otros —y especialmente esos otros a los que nos abandonamos en la experiencia amorosa— quienes nos constituyen, quienes nos conforman, quienes nos hacer ser, precisamente, aquello que somos. De tal manera que cuando se van, cuando los perdemos, cuando desaparecen de nuestras vidas, se llevan con ellos algo sustancial, básico, de nuestra realidad personal. Su muerte es nuestra muerte o —si es nuestra la decisión de terminar con ese vínculo— nuestro suicidio. No se pretende con lo anterior cargar las tintas retóricas o deslizarse hacia la grandilocuencia sentimental. Estamos hablando de la esfera simbólica, claro está, pero resulta escasamente discutible la centralidad que la misma ocupa en la existencia humana. Quedarnos sin un yo continuo, permanente, estable (opción con la que tanto parece sintonizar Nietzsche), altera de manera sustantiva los esquemas mentales con los que estábamos acostumbrados a funcionar, también en materia amorosa. Si pasamos a hablar en términos de discontinuidad del yo o, dando un paso más, de múltiples yoes a lo largo de nuestra vida, la mayor parte de registros con los que funcionábamos para administrar nuestras relaciones con el futuro y con el pasado parecen saltar por los aires. ¿Qué sentido podría tener la nostalgia por un pasado que atribuiríamos a un yo diferente al actual? ¿O la melancolía por lo que pudo haber sido y no fue... de otro? ¿Tendría más sentido la ilusión por lo que pueda esperarle a alguien que tal vez ni siquiera sea yo mismo? Acaso la disolución más inquietante del yo no sea la que se produce en la cima de la pasión, en los instantes-cumbre del vértigo amoroso: a fin de cuentas, de tales presuntas disoluciones teníamos sobrada noticia a través de los románticos —que se encargaron, de paso, de tranquilizarnos, haciéndonos saber el carácter reversible, un poco de mentirijillas, de las mismas—. El escritor que, exaltado y torrencial, nos narra cómo vivió aquella experiencia en la que creyó perder su yo en otros brazos puede hacerlo, precisamente, porque lo ha recuperado (y regresa para contarlo). La tristeza fría del que juró amor eterno en vano es, en cambio, el relato remansado de la ruina de una intensidad. La crónica de una desaparición que se lleva consigo al cronista. El mapa de un mundo empobrecido.»

4. El debate sobre el paternalismo (Sartre y Beauvoir).

«No solo la figura de la sacerdotisa o el poeta sino también la del enamorado aparecía revestida de un considerable prestigio social. Eran locos, sí, pero locos elegidos por un dios que los había trastornado. Su locura, en consecuencia, era pasión, inspiración, delirio profético. Frente a esto, probablemente lo más correcto que cabría decir para señalar la diferencia respecto a la situación actual es que nosotros no terminamos de saber a qué carta quedarnos, excepción hecha de la enfermedad mental, de la que se ha hecho cargo decididamente el discurso de la psiquiatría. Pero si pensamos en el caso de los enamorados, parece claro que nuestra sociedad tiende a considerarlos o no incompetentes básicos más por las consecuencias de sus acciones que por sus acciones mismas. Si aquellas resultan institucionalmente aceptables, los errores de perspectiva de los protagonistas tienden a ser juzgados no solo como inocuos, sino incluso como necesarios (por no decir positivos). De tal manera que a nadie se le ocurriría, pongamos por caso, preocuparse en el transcurso de una ceremonia nupcial por el hecho de que los contrayentes, cegados de amor, creyeran ver el uno en el otro dones interiores o exteriores que a un observador imparcial se le antojaran más que dudosos. En tal caso, a buen seguro dicho observador tendería a manifestar, en un alarde de condescendiente consecuencialismo: «mientras sean felices...». En tanto que si, por el contrario, esa misma ceguera de amor les llevara a cometer locuras, esto es, poner su vida patas arriba, deshaciendo un hogar, poniendo en peligro sus bienes u otras catástrofes parecidas, lo más probable es que, de estar en su mano, el presunto observador imparcial de hace un momento intentara incluso incapacitarlos (esto es, declararlos incompetentes básicos desde un punto de vista legal). Nuestra sociedad, en efecto, no parece acabar de saber a este respecto a qué carta quedarse con los enamorados. Pero, en todo caso, mientras de puertas para afuera los jalea abiertamente, de puertas para adentro da la sensación de que no se fía ni un pelo de ellos. Desde luego, Sartre en sus libros parecía desconfiar mucho. Con todo lo que él había vivido. ¿O tal vez era precisamente por ello?»

5. La construcción social de la soledad (Hannah Arendt)

 «Tal vez sea este el cabo del que valga la pena tirar para intentar deshacer la pequeña madeja esbozada. En efecto, vista desde esta última perspectiva, cabría definir la soledad como la vivencia de que no importamos a aquellos que nos importan. La persona que le cuenta a otra su sentimiento de soledad no está incurriendo en una grosera contradicción (¿cómo va a estar solo alguien que tiene ante quién lamentarse de su soledad?), porque el supuesto de fondo es esa dimensión cualitativa, selectiva, de la soledad. Que incluso admitiría una vuelta de tuerca más: nos sentimos solos cuando no importamos de la manera que querríamos importar a aquellos que nos importan. El adolescente perdidamente enamorado de su compañera de pupitre no obtiene el menor consuelo porque esta le diga que siente un profundo afecto por él, o que lo considera su mejor amigo, y tiende a experimentar un sentimiento de abismal soledad por no ser correspondido. Por supuesto que la noción de importar dista de estar clara o de resultar inequívoca. Hay importancias que nos vienen dadas (en muchos sentidos), en tanto que otras dependen por completo de nosotros. Una madre o un padre no deciden que sus hijos son importantes para ellos (si se lo plantearan en tales términos probablemente diríamos que son padres desnaturalizados), mientras que en el caso de relaciones de un tipo distinto lo propio es afirmar que implican de manera necesaria un alto grado de construcción. No es solamente que uno elija, pongamos por caso, a sus amigos, sino que la relación misma de amistad, como suele decirse, se cultiva, esto es, reclama atención, cuidado e incluso mimo. Algo parecido cabría afirmar de la relación amorosa. Pero en todo caso hay una cuota ineludible de soledad, consustancial al hecho mismo de vivir con otros. No hay modo de sortear esa realidad: de la misma manera que todos conocemos la experiencia de estar solos, así también con bastante frecuencia no nos importan de la manera que ellas quisieran personas para las que nosotros podemos ser extremadamente importantes. No queda más opción que el aprendizaje de la soledad, que el esforzado trabajo interior de no identificar soledad con abandono, de aceptar que la compañía de los demás se dice de muchas maneras. En el primer redactado de la presente reflexión concluía señalando que, a fin de cuentas —por cambiar de registro (y recuperar de paso un argumento del principio) —, nadie está más solo que el que escribe y nadie, al mismo tiempo, puede esperar mayor compañía que la que proporcionan los textos. Luego, voces queridas me advirtieron del peligro de que un planteamiento así evocara concepciones romántico- idealistas-subjetivistas de la escritura. Decidí entonces acogerme a la autoridad de Arendt y recordar lo que ella escribe al tratar del hombre que ama la bondad: «en su vida con los demás ha de ocultarse de ellos y ni siquiera puede confiar en sí mismo para atestiguar lo que hace». En definitiva: «no está solitario, sino solo». Radicalmente solo, por si hace falta remachar el clavo.» 

6. ¿Por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo? ¿O es justamente al revés? (Foucault)   

«Nos permiten pensar incluso la propia condición sexual como producto histórico-social. Pero —henos aquí ante la pregunta decisiva— ¿hacen inteligible el amor o lo convierten en un imposible, un espejismo o una excrecencia de otra cosa distinta a sí mismo? ¿Es solo un modo de subjetivación como cualquiera en el que el otro oficia a modo de instancia necesaria para la producción de la propia subjetividad? ¿Ejemplifican las relaciones que tienen lugar en el seno de una pareja aquel juego a que antes se aludió entre sujeto y sujetado, en el que la persona amada se constituye en el polo al que la que ama debe someterse (porque, en sus expectativas, anhelos y deseos, representa al tiempo que materializa un conjunto de normas sociales), pero que a la vez la instituye como soberana, protagonista libre que funda y decide el sentido de su propia existencia? En buena medida sí, con todo lo que esto implica. Porque la estricta aplicación de la lógica foucaultiana deja en evidencia, no solo cuánto tiene de frágil la sujeción, sino también cuánto tiene de espejismo la soberanía. El mismo vínculo amoroso que en un primer momento puede ser vivido como liberación (porque por fin permite al que ama estar con la persona amada sin restricción alguna), más tarde puede ser percibido como atadura. Y a la inversa: lo que antes de conocer a alguien pudo ser identificado con absoluto sometimiento, al enamorarse puede pasar a ser experimentado como plenitud liberadora. Al individuo le pasa lo mismo que a los grupos sociales, y de la misma manera que la historia de la humanidad está trufada de episodios de rechazo a las prácticas sociales encaminadas a la producción de identidades sometidas, de desobediencia de individuos y grupos a situaciones que finalmente han terminado por percibir como intolerables, así los individuos constantemente dan por finalizados capítulos de su existencia que en su momento abrieron con vocación de eternidad. Foucault, en efecto, se esforzó en pensar distinto. Lo que significa, entre muy diversas cosas, que intentó pensar con otras metáforas, tutelado por otras imágenes. Sabemos —gracias, entre otros, a Richard Rorty— a dónde conducen las figuras geométricas que atraviesan toda la filosofía occidental: a esquemas dicotómicos, jerárquicos y claustrofóbicos que convierten los límites del lenguaje en confín irrebasable. Así, ideas como la de la liberación son hijas de un esquema de este tipo, en el que el rechazo del orden establecido solo podía pensarse como fruto de una identidad alternativa, o de una identidad esencial sojuzgada que había terminado por rebelarse. Pero eso que nos obstinamos en llamar nuestra libertad ni está esperándonos en ningún exterior (como sucede en el modelo en el que alguien desde fuera viene a decirnos cómo debemos ser o cómo tenemos derecho a vivir, esto es, hace que veamos la luz), ni a salvo en el sagrario de ninguna profunda intimidad (como ocurre en esa versión según la cual algo muy dentro de nosotros nos lleva a responder de una determinada manera). Tanto Foucault como Deleuze han intentado superar este esquema imposible sugiriendo la noción, de inspiración inequívocamente visual («La superficie no se contrapone a la profundidad [que retoma a la superficie] sino a la interpretación»), del pliegue. Un pliegue es un interior hecho de exterior. Plegamos el exterior cuando en la relación que mantenemos con nosotros mismos aceptamos o rechazamos, asociamos, elegimos o combinamos modos diferentes de acción. Es así como conducimos nuestra conducta y somos artífices de esa conducción. Es en eso en lo que se sustancia la tan manoseada idea de libertad: en el margen, fundador de sometimiento o de novedad, de aceptar o rechazar, al que no cabe renunciar y del que no nos pueden desposeer. Pocos como el autor de Historia de la locura o Vigilar y castigar han mostrado con tanta crudeza el mal del que procedemos, el daño que habitaba en nuestro origen. Pero es precisamente el ser sabedor de todo eso —y el habérnoslo hecho saber a nosotros— lo que colma de sentido esa invocación a la pasión con la que se vio bruscamente interrumpida su obra. Era una invocación luminosamente desesperada: o habilitamos un pliegue para la vida o quedamos convertidos en un puro exterior, aplastados bajo el poder, adheridos a sus contornos como una segunda piel, convertidos en mera caja de resonancia de sus designios. La vida, precisamente porque es mortal, tiene que ser una obra de arte. Una existencia puede ser una obra perfecta y sublime, y se hace difícil pensar que tal cosa pueda darse sin la presencia de la pasión y del amor (¿nos atreveríamos a decir que vivió plenamente alguien que no los hubiera conocido?). O, si les parece, formulemos esto mismo en forma de máxima: una vida que renunciara a semejante aspiración, que no apuntara a un horizonte como el señalado, no sería digna de ser vivida.»


Concluimos la actividad eligiendo democráticamente el tema y la fecha para el XXIII Café Filosófico Virtual

Domingo, 8 de mayo a las 17:00 (hora española)

"¿Existe una pérdida de principios en nuestra sociedad?"

 

Referencias
Amo, luego existo. Manuel Cruz. Espasa, 2010

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domingo, 13 de marzo de 2022

XXII Café Filosófico Virtual: "¿Qué significa vivir en pareja?"

Volvemos, otro mes más, a abordar un tema nuevo elegido por las y los participantes del Café Filosófico. En esta ocasión la mayoría ha votado por este tema:

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Nuestra máxima es muy simple:

"No es suficiente tener el valor en tus convicciones, también debes tener el valor de que tus convicciones sean desafiadas."  Christopher Phillipps - Sócrates Café

 

La filosofía no promete asegurar nada externo al hombre:[...] el objeto del arte de vivir es la propia vida de cada cual.
Epicteto