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sábado, 25 de abril de 2020

Pensar y aprender desde la incertidumbre


Unas de las cosas más bonita de la tutoría es que se pueden trabajar un sin fin de temas y todos pueden estar insertados sobre los procesos de aprendizaje.

La última acción tutorial que tuve empezó con este vídeo humorístico de Manuel Huedo. Es un conocido cómico por Facebook que ha realizado vídeos sobre la Nochevieja que le han granjeado cierta popularidad. 




Lo cierto es que este vídeo tuvo un efecto interesante entre la gente de esa clase. Esto junto con el trabajo conceptual de la incertidumbre. Al finalizar el vídeo comentamos que la incertidumbre suele ser reconocida como un proceso de ansiedad, de desasosiego y de desesperanza. Mencionábamos que cuando alguien muere, un ser querido, la incertidumbre se convierte en una piedra anclada a los hombros que nos hace plantearnos, ¿qué va a pasar ahora sin esta persona? ¿cómo va a ser mi vida ahora sin tenerle cerca?

Bueno, lo cierto es que tras esto, también mencionamos que los seres humanos, como animales, tenemos procesos de adaptación vitales. Sabemos hacer de situaciones penosas, increíbles oportunidades para aprender a manejarlas. En este ejemplo, el duelo es ese proceso psicológico, pero también educativo en el que lentamente nos vamos amoldando a las pérdidas. 

* En realidad, los procesos de conocimientos dolorosos, la actuación ante lo inesperado, es un proceso nativo en nuestra especie. Al menos, en la nuestra hemos sabido sacarle mucho partido a esto. Tal vez, lo único cierto es la incertidumbre.



Paulo Freire en Pedagogía de la Autonomía escribe quesaber que enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción(Referencia). Y lo cierto es que la incertidumbre crea unas condiciones óptimas para la adquisición de nuevos aprendizajes. Cierto es que, la incertidumbre de no saber si podrás comer o dormir en un espacio seguro no actúan de esta manera. Pero en esta pequeña entrada vamos a observar aquellas otras incertidumbres que no nos ponen en jaque todo, sino que trastocan las condiciones de “normalidad” que hasta entonces había creído que se sostendrían en el tiempo. Esta situación de confinamiento voluntario/impuesto que ahora vivimos, por ejemplo.

* Es cierto que nuestra historia, la de nuestro país, ha experimentado mejoras significativas desde hace unos 80 años. Es decir, hemos ido mejorando paulativamente sin experimentar una crisis de estas dimensiones. Tal vez la crisis económica del 2008 puede darnos una pista de cómo podríamos haber reaccionado ante lo inesperado. A veces muy mal, otra mucho mejor y en algunas ocasiones, cambios sustanciales.


Volviendo a la sesión de tutoría. Lo que más me gustó de esta fue que pedí al alumnado que pensara en algo que no hubieran imaginado que ahora aprenderían o que están poniendo en práctica y que consideren que les puede servir como un aprendizaje para el futuro. Es decir, cómo “capturar” a la incertidumbre, darle la vuelta y usarla en beneficio propio, en lugar de caer en la ansiedad de la expectativa o en el quejicoso drama.



Pues bien, me sorprendieron, y a la vez me alegraron, dos de las intervenciones. Una de ellas era la de aprender a cocinar. Este tiempo en casa habían vuelto la mirada hacia la cocina y todos los aprendizajes posibles. Comentaban que ahora ya por fin no se le quemaban las recetas que hacía y que estaba aprendiendo mucho de su familia. La segunda de ella fue también en la cocina pero fue algo más allá. Otra de las personas que intervino comentó que él había aprendido en la cocina, pero gracias a su hermano menor, a este se le daba mejor cocinar que a él, el mayor. Había aquí un tipo de relación en la cocina que iba más allá de la propia cocina. A raíz de aquí salió un nuevo tipo de aprendizaje porque “ahora nos llevamos mucho mejor”. Les pregunté que si este nuevo tiempo de incertidumbre no habría hecho aprender a tolerarnos y respetarnos de otra manera. Total, tenemos que estar en casa forzosamente, luego, qué mejor que aprender a llevarnos bien o simplemente a llevarnos.



De aquí me quedé gratamente sorprendido. Es cierto que hemos visto a mucha gente irse por culpa de esta nueva enfermedad. De hecho, se han ido sin despedirse. Ahora, ¿será esto un aprendizaje para plantearnos de otra manera las relaciones sociales y familiares? ¿Puede que lleguemos a aprender a tratarnos de otra manera? ¿A llevarnos bien? Y por último, ¿puede que al estar forzados a permanecer en casa empecemos a reestructurar jerarquías de la familia? ¿Habrá ya espacio para la voz de la infancia?

* Ampliado gracias a la revisión crítica

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Epicteto