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Epicteto

domingo, 3 de noviembre de 2013

Resumen: II Café Filosófico: ¿Por qué somos supersticiosos? Bar-alternativo MoMA Alcázar 2/11/13

El pasado 2 noviembre realizamos el II Café Filosófico en el Bar-Alterntivo MoMA, el tema que tratamos y que fue elegido en la anterior sesión fue el de las supersticiones.

Fue un tema interesante porque hablamos de conceptos que delimitaban y realizaban una diferencia con la pregunta, como son la diferencia de creencia y manía ante la superstición.

También, diferenciamos entre los conceptos de religión y supersticiones empezando a leer el siguiente texto del Diccionario filosófico de Voltaire
 

Superstición III

El supersticioso es al bribón lo que el esclavo es al tirano. El supersticioso se deja gobernar por el fanático y acaba por serlo también. La superstición nació en el paganismo, la adopto el judaísmo e infectó la Iglesia cristiana de los primitivos tiempos. Todos los padres de la Iglesia, sin excepción alguna, creyeron en el poder de la magia. La Iglesia condenó siempre la magia, pero creyó en ella, y no excomulgó a los hechiceros como locos que se equivocaban, sino como hombres que tenían trato real con el diablo. […]
¿Hasta qué punto la política puede permitir que se arruine la superstición? Esta cuestión es muy difícil de resolver; equivale a preguntar hasta qué punto debe pincharse a un hidrópico, que puede morir en la operación. Esto depende de la prudencia del médico 
Preguntar si puede existir un pueblo que esté libre de todos los prejuicios supersticiosos, es lo mismo que preguntar si puede existir un pueblo de filósofos. Dícese que carece de supersticiones la magistratura de la China. Es muy probable que queden algunas en la magistratura de muchas ciudades de Europa. ¿Siendo de ese modo, los magistrados del celeste imperio podrán impedir que sea peligrosa la superstición del pueblo? El ejemplo de esos magistrados no ilustrará a la canalla, pero los principales habitantes del país la contendrán. Quizás no hubo un solo tumulto, ni un solo atentado religioso del que antiguamente no fuera cómplice la clase media, pero es porque entonces esa clase era canalla; pero los adelantos de la civilización la hicieron ilustrar, y suavizando sus costumbres, suavizaron también las del más feroz populacho; y en una palabra, cuando hay menos supersticiones, hay menos fanatismo, y cuando hay menos fanatismo hay menos desgracias.
Diccionario filosófico [1764], Voltaire, Sempere, Valencia, 1901. tomo 6
páginas 141-142


Acto seguido, vimos como las supersticiones están inscritas en la religión que domina en Occidente, así como en política. La introducción de las supersticiones en nuestro ámbito social facilita que nos guien como masa desorientada y manipulable.
El diálogo fluyó por otros derroteros hasta que acabamos por leer el siguiente texto del filósofo Theodor Adorno:


"Si la filosofía es necesaria todavía, lo es entonces más que nunca como crítica, como resistencia contra la heteronomía que se extiende, como si fuese impotente intento del pensamiento permanecer dueño de sí mismo y convencer de error a la trama mitológica... Propio de ella sería, mientras no se la declare prohibida como en la Atenas cristianizada de la antigüedad tardía, crear asilo para la libertad." Filosofía y superstición.

Algunas de las preguntas que salieron durante la actividad:

¿Es lo mismo la superstición que la religión?
¿Una persona culta puede ser supersticiosa
?
¿Quién es crítico puede caer en supersticiones o en manías
?

¿Hasta qué punto un hábito se convierte en supersticioso?

Finalizamos el Café Filosófico eligiendo el tema del próximo mes:
¿El idioma condiciona el pensamiento?

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